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miércoles, 5 de abril de 2017

"Cincuenta cuentos para meditar y regalar" de Ramiro Calle

 

En 2007, la editorial "Sirio", publica la recopilación de cuentos de Ramiro Calle: "Cincuenta cuentos para meditar y regalar". 

El libro es interesantísimo porque atesora un precioso conjunto de narraciones y unas más preciosas aún reflexiones. Son cuentos breves y enseñanzas atemporales, de las que voy a compartir algunas. Es un libro que no debe faltar en nuestra biblioteca.

En palabras del propio Ramiro Calle: "En este libro incluyo narraciones no recogidas en las otras obras, seguidas de una reflexión que desencadenará otras muchas en el lector, por lo que de alguna manera autor y lector se sentirán muy cerca indagando conjuntamente en el amplio universo de los significados más profundos y los sentidos más elevados. Todas estas narraciones son una invitación a que despertemos en nosotros lo que hay de más hermoso y constructivo, y nos ofrecen, con su peculiar característica, claves para el entendimiento intuitivo y no solamente intelectivo, y «pistas» para poder seguir sin desfallecer por la senda hacia la libertad interior, cuyo eco de infinitud palpita en todo ser humano con intenciones nobles."

Aquí os dejo algunas para que las disfutéis plenamente.

Ilustración: Molly Hahn, "Buddha Doodles".

Imperturbable

Se trataba de un hombre que había llegado a ser fabulosamente rico; cuando alcanzó la edad de cuarenta años decidió donarlo todo y quedarse sólo con lo suficiente para vivir tranquilamente el resto de su existencia. Ya no tenía interés por viajar, porque había comprobado que el viaje más fructífero era el que le conducía a su propio ser. 
Era por igual amable y cordial con todo el mundo, si bien a nadie se acercaba ni a nadie evitaba. Si le hablaban, contestaba; si nada le decían, guardaba silencio. Su vida era sencilla y simple, pero a la vez siempre diferente, porque no dejaba de aprender del aire, del agua, de las flores y de su propia presencia de ser. 
No se apresuraba, porque no había adonde ir, puesto que ya había llegado. Nada le agitaba, porque había superado los apegos. Gozaba de un excelente sentido del humor y nunca se perturbaba. La gente le veía ir y venir, a todos lados y a ninguna parte en concreto. De vez en cuando, compraba algunas confituras y se las ofrecía a los demás, porque le gustaba hacer regalos. 
Cierto día, un curioso se le acercó y le preguntó:
—Tú que has renunciado a tantas cosas, ¿en qué crees?
Sus labios esbozaron una divertida sonrisa y repuso con serenidad: 
—El sol sale, el sol se oculta. En eso creo. 
Estupefacto, el desconocido preguntó: —¿Sólo en eso? 
Y el hombre imperturbable repuso: —¿Y te parece poco?

Reflexión: El ser humano vive tanto en las expectativas inciertas de futuro que él mismo se convierte en el caudal de la incertidumbre, la ansiedad y la desdicha. Tan lejos miramos que no vemos lo que sucede a cada instante y nos perdemos la gloria del momento, sea la salida del sol, sea el anochecer, sea el trino de un pájaro o la brisa del aire. Memorias y expectativas condicionan la mente y no le dejan conectar con el instante presente. Así no se fluye con la vida, porque la mente está escapando al pasado o huyendo hacia el futuro. ¿Qué forma de vivir es ésa? Pero el que logra establecerse en la esencia de la mente y no se deja arrastrar por tendencias hacia el pasado ni hacia el futuro se conecta, sereno y desasido, con lo que a cada momento surge y se desvanece. 

Ilustración: Molly Hahn, "Buddha Doodles".

El borracho y la campana 

Salió de la taberna dando tumbos y de vuelta a casa tenía que pasar por las puertas de un cementerio, en donde se podía ver un cartel que decía: «Toque la campana para avisar al vigilante». Era de madrugada y el beodo se puso a tocar sin parar la campana, formando un gran escándalo. Al poco tiempo llegó el vigilante, malhumorado, y se dirigió al borracho para pedirle explicaciones: 
—¿Por qué demonios tiene que tocar la campana a esta hora de la noche? 
Y el hombre ebrio, muy indignado, replicó: 
—¿Y por qué tiene este cartel que obligarme a que toque la campana para avisar al vigilante?

Reflexión:
Una de las funciones más preciosas de la mente humana es el discernimiento. Discernir quiere decir desvelar, y el discernimiento bien ejercitado y claro es el que nos ayuda a ver las cosas como son, a desvelar su esencia y a proceder en consecuencia. Cuando la conciencia está embotada y el discernimiento tiende a distorsionar, la persona no ve las cosas como son y se halla incapacitada así para llevar a cabo la acción diestra. Para esclarecer la mente es necesario aprender a detenerla, calmarla y esclarecerla, y tal es la misión y objetivo de la meditación: detener, calmar y esclarecer. Del sosiego y la claridad mentales surge el discernimiento y brota la sabiduría. De ese modo la persona puede emprender la acción diestra, lo que no quiere decir que no pueda equivocarse, pero si lo hace, incluso de esa equivocación hace un aprendizaje y transforma el error en aliado. De la ofuscación mental sólo puede surgir ofuscación mental y por tanto se desencadena la acción inapropiada y guiada por la confusión y el desorden. En la senda hacia la completa evolución de la conciencia, es necesario trabajar sobre la mente para ordenarla, desarrollarla y purificarla. El desarrollo de la conciencia suscita sabiduría y de la sabiduría nace la compasión. 

Ilustración: Molly Hahn, "Buddha Doodles".

El hombre egoísta

Era un hombre que nunca había hecho nada por los demás, que siempre había sido muy egoísta y que sólo se había ocupado de sí mismo. Se hizo mayor, un día se sintió indispuesto y entonces se dirigió a Dios para rogarle:
—Señor, déjame tratar de cooperar con el mundo, ayudar a mi familia y cambiarme a mí mismo. 
Y Dios repuso: —Ya no hay tiempo para eso. Ojalá me lo hubieras pedido años antes.


Reflexión: La vida es corta. Transita sin cesar. Tempus fugit. Todo fluye. Se nos escapa la existencia sin darnos cuenta, salvo que estemos muy atentos y receptivos. Era Ramaprasad Sen el que decía: «Considera, alma mía, que no tienes nada que puedas llamar tuyo. Vano es tu errar sobre la Tierra. Dos o tres días y luego concluye esta vida terrena; sin embargo, todas las personas se jactan de ser dueñas aquí. La Muerte, dueña del tiempo, vendrá y destruirá tales señoríos». No hay tiempo que perder. Los sabios hindúes nos dicen que la vida dura menos que un guiño en el ojo del Divino. Hay que procurarle un sentido. Más allá de si tiene un sentido último, cada uno puede conferirle a la vida el sentido, el significado y el propósito que uno quiera. Los hay que hacen de su vida un erial, ¡qué terrible! Otros, por fortuna, un vergel para ellos mismos y los demás. Se nos han entregado unos instrumentos vitales (cuerpo, mente y energía), y van a acompañarnos un número limitado de años en este escenario vital. ¿Qué vamos a hacer con esos años? Podemos ser egoístas y posesivos o desprendidos y generosos; podemos ser hostiles o cooperantes, narcisistas o humildes, malevolentes o amorosos. Cada uno es el responsable de sus actos y las consecuencias habrán de seguirnos. Podemos llenar nuestra mente de estados aflictivos y nuestro corazón de emociones insanas, o, por el contrario, embellecer la mente, suscitar emociones beneficiosas y enviar nuestros pensamientos amorosos en todas las direcciones. ¿Qué vamos a hacer con nuestra vida? Somos seres en evolución de instante en instante, y si nos lo proponemos podemos mejorar y madurar, porque están a nuestra disposición las enseñanzas y métodos que los grandes maestros espirituales nos han legado. No lo dejes demasiado. Empezamos a cambiar y mejorarnos ahora o nunca, pues de otro modo incurrimos en la «enfermedad del mañana» y la vida se consume sin haber hecho nada por nuestro mejoramiento humano ni por los demás. 


Título: Cincuenta cuentos para meditar y regalar.
Autor: Ramiro Calle.
Editorial: Sirio.
ISBN: 978-84-7808-474-6
PVP: 11,35 €

miércoles, 18 de enero de 2017

La "otra" India en los textos de Ramiro Calle: "Benarés" (extracto)

Los ghats en Benarés.
Hay mucha insatisfacción. No se puede superar sólo con bienes materiales. La gente está muy loca. Hay que ejercitar la ecuanimidad, el equilibrio. Hay que contemplarlo todo como si fuera una película. La vida es nada, se pasa muy rápidamente, unos pocos días y se acabó. Venimos a hacernos la foto y nos vamos. Pero hay que estar contento.
 Baba Sibananda                            

En junio de 2007, aparece en Ediciones B, el libro: "La otra India, una visión de primera mano de un país extraordinario", de Ramiro Calle. Posteriormente, se realizó otra edición en Z Bolsillo (2008) y desde 2013, está disponible una versión electrónica para leer en cualquier dispositivo.

Se nos detalla que: "Durante sus múltiples viajes a la India, Ramiro Calle ha tenido ocasión de aproximarse no sólo a los líderes espirituales cercanos a sus creencias, sino también a la gente que vive en ese enorme país, el segundo más poblado del planeta. Tanto la frecuencia de sus viajes como la calidad de los mismos han otorgado a Calle un saber de primera mano sobre aspectos inusuales o vedados al viajero convencional. Esto es precisamente lo que el lector encontrará en las páginas de este libro. 
Desde las abluciones rituales en el Ganges a su paso por la ciudad de Benarés, hasta la ascensión a las montañas de Drjeeling; de la herencia británica en Calcuta, a los maravillosos templos de Orcha; de la espiritual región de Himchal Pradesh, a las playas de Madrás, recorriendo la geografía del subcontinente en trenes y autobuses, Ramiro Calle nos presenta un relato diferente sobre la patria de Gandhi y Tagore. 
Su aproximación a los distintos grupos étnicos, su visita a diversos templos budistas y su relación con místicos y yoguis, aportan detalles a la composición de este paisaje humano único. 
Acompañado de fotografías que ilustran el relato y le dan vida, La otra India es un libro fundamental para quien quiera acceder a los misterios de un país y una cultura tan complejos como sugestivos. 
Una visión de primera mano, de un país extraordinario."

En el fragmento que destaco, Ramiro se encuentra en Varanasi (Benarés), y va en busca de su amigo Baba Sibananda...

"Vuelvo sobre mis pasos. Es mediodía. Huele a fritangas, a flores marchitas, a restos de papaya. ¿Estará en el ghat a orillas del Ganges? En lugar de tomar por el camino más recto, me extravío intencionadamente entre ese enjambre casi onírico de callejuelas estrechas y serpenteantes.
El ghat más concurrido, en el que diariamente miles y miles de personas hacen sus abluciones, sus ritos, sus gargarismos, su limpieza de dientes, sus orines incluso, sus chapuzones benditos y profanos, sus coqueteos con el agua sagrada y sus ofrendas, es el Dasaswamedh Ghat, que está dividido en dos partes.
Desde lejos diviso el manchón de su túnica anaranjada contrastando contra un cielo intensamente luminoso. Está sentado en una especie de repecho, junto a una tetería estilo indio, ¡imagínense una tetería estilo indio! Un simple puestecillo muy modesto y precario con un calentador para hacer el té. Todo un lujo, porque está casi metido en las aguas del Ganges, las más polutas del mundo, las más penetradas, anheladas, inspiradoras y reveladoras. Me voy aproximando despacio a él, a mediodía, bajo un sol implacable y una luz cegadora, mientras el río se desliza muy lentamente, como si no fluyera, como si le costase dejarse llevar frente a esas mansiones semiderruidas y hermosos palacios abandonados a su suerte. Algún perro dormita, como si estuviera muerto, y la calima envuelve el río santo, que contiene en sus aguas tantas cenizas mortuorias, tantos animales muertos, tantos miembros a medio quemar, tantos cadáveres e incluso niñitos que son amarrados a una piedra para que se hundan y no floten… Hace años vi al padre de una criatura de muy corta edad llevarle junto al río envuelta en una especie de toalla blanca. Era como un paquetito que el padre desconsolado llevaba en sus manos. Era un hombre joven. Contrató un barquero, subió a la barca, se adentró en el río y depositó en las fangosas aguas (era la época del monzón) aquel bultito que antes había apretado con tierno amor contra su pecho. ¡Cuánto dolor había en aquel hombre y cuánto de amargo y desgarrador en aquella escena que ha permanecido indeleble en lo más íntimo de mi alma!
Tantas lágrimas se han derramado en esta sacrosanta ciudad, tantas, que bien podrían formar varios ríos como éste.
No se incineran los cadáveres de leprosos, fallecidos por mordedura de serpiente, santones, sadhus y niños. ¿Por qué? Vaya uno a saber, dada la lógica paradójica de los indios, y eso que fueron los inventores del cero, el infinito y el álgebra.
Me mira desde la distancia, tratando de dilucidar quién viene hacia él. Levanto una mano en el aire y la agito con entusiasmo.
—¿Ramiro? ¿Ramiro? —se pregunta a sí mismo, en voz alta, dubitativo.
Se incorpora. Es delgado, de baja estatura, largos cabellos encanecidos y enrastados, luenga barba blanca, y unos ojos, ¡qué ojos!, claros, entre verdes y amarillos, más mirando hacia dentro que hacia fuera, expresivos, ciertamente irrepetibles. No por algo debe de ser el sadhu más retratado de toda la India, a su pesar, pero cuya imagen ha aparecido en películas, documentales televisivos, folletos de turismo y demás.
Hace un calor intenso, desolador. Barquitas se deslizan con exasperante lentitud por las aguas sagradas. A esa hora los ghats están extrañamente casi vacíos, ¡y ya es difícil! Camino hacia el sadhu.
Ramiro Calle con  Baba Sibananda.
—¡Oh, Ramiro! —exclama—. ¡Nunca lo hubiera imaginado!
No he venido a recibir enseñanzas; de hecho raramente ofrece algunas. No he venido a meditar en su compañía; de hecho le gusta meditar a solas y considera que ya sé lo suficiente sobre el tema para tener que mostrarme alguna técnica. Ni siquiera he venido a hacerle preguntas, sino sólo a estar unos días con él, a su lado, fluyendo como el río de la diosa Ganga, dejándome ir en su compañía, sintiendo y no pensando, percibiendo y no analizando, contemplando y no examinando. No es fácil. La mente, como él dice, como ya dijera Kabir hace cinco siglos, es una timadora, un fraude, «una casa con un millón de puertas». Pero esta vez no he venido con la intención de recibir conocimientos a través de las palabras, sino de los silencios.
Nos fundimos en un abrazo largo, intenso, silencioso y pleno.
—No puedo creerlo —musita—, no puedo creerlo.
Y sus ojos sonríen hermosamente. Y nos sentamos en el repecho, junto a la tetería estilo indio, y enseguida hay una tacita de loza en nuestras manos, que contiene un té especiado, picante, con un sabor muy característico. Lleva clavo, coriandro, leche, canela, pimienta... Llena de sabor la boca, deja su tinte picante en el paladar.
Allí estoy de nuevo, a su lado, manos entre las manos, hombro contra hombro. Nada pregunto, nada inquiero. Si quiere decir algo que lo diga, pero no le urjo, no le fuerzo. Años atrás, con motivo de mis dos visitas anteriores, fue diferente. Casi astutamente le inducía a hablarme, a no quedar sólo prendidos a las cosas de la materia, sino también del espíritu, aunque unas y otras forman parte del Gran Espíritu. Años atrás, en los dos encuentros anteriores (en los que me había quedado varios días en Benarés para estar con él), habíamos hablado de muchas cosas.
Me dijo:
—Hay que saber mirar y mantener la calma ante todo. Ecuanimidad. Todos somos como los dedos de una gran mano cósmica y tenemos que aprender a conectar con ella, de la que en realidad nunca estamos desconectados. En este sentido es muy útil la meditación. El corazón de todas las criaturas es el mismo, pero desde niños nos han superpuesto códigos, esquemas y se ha ido configurando el ego, que se interpone entre uno y lo real.
Unas veces con su sonrisa contagiosa y otras más circunspecto, también me había dicho:
—Hay mucha insatisfacción. No se puede superar sólo con bienes materiales. La gente está muy loca. Hay que ejercitar la ecuanimidad, el equilibrio. Hay que contemplarlo todo como si fuera una película. La vida es nada, se pasa muy rápidamente, unos pocos días y se acabó. Venimos a hacernos la foto y nos vamos. Pero hay que estar contento.
Y tras prolongados silencios en los que nos comunicábamos de alma a alma, susurraba, como si hablara para él:
—No comprendo nada, no comprendo nada. El Absoluto lo sabe. Yo no sé nada. ¡Hay tanta variedad! Contempla, haz yoga físico, y no te preocupes.
—¿Ni siquiera ante la muerte? —le pregunté.
—Vida y muerte son lo mismo. Todos los días morimos al estar dormidos, y el día que no despertamos es la muerte.
Al igual que Krishnamurti, que tenía una idea deplorable de los políticos y decía «no son gente de fiar», Baba tampoco les tiene en la menor estima y declaró enfáticamente:
—Hay mucha insatisfacción y mucha codicia. Los políticos son basura, basura. La política es una porquería.
A menudo me decía:
—Insaciable codicia. Pero todos tenemos dos cerebros: uno sagrado y otro demoníaco. En el sagrado hay amor, indulgencia, compasión... En el diabólico, codicia, odio, ira... Hay que desarrollar más y más el cerebro sagrado. El amor es lo más importante.

Calles de Benarés (foto modificada con filtros, la original en: elmundoenunamochila.wordpress.com)
Ahora estoy a su lado y podría seguir preguntándole muchas más cosas, pero observo, contemplo, percibo, sin etiquetar ni rotular, tratando de mantener todos los sentidos bien despiertos y vigilantes. Estoy ante ese río que indujo a escribir a Blasco Ibáñez: «Aprecio aquí la importancia religiosa de Benarés mejor que en sus callejuelas. Puedo abarcar de una sola mirada la grandeza de este río divino y miles y miles de seres humanos hundidos hasta el cuello en sus aguas ribereñas, con los ojos en oración. Toda la India inmóvil en su sueño religioso, la India del quietismo contemplativo, que resulta incomprensible al ser estudiada en los libros, se revela de golpe, con la majestuosa aparición del Ganges.» Y mi amigo el escritor y místico Jesús Fonseca experimentó, muy sentidamente, algo parecido, que dejó transida su alma en esta Benarés que a pesar de sus pícaros y mistagogos, rezuma, sí, una espiritualidad inquebrantable y viviente, una espiritualidad sin límites y que es inspirada por este río de aguas polutas y benditas. El tiempo transcurre lentamente. Miro alrededor. A esa hora del mediodía los ghats están casi vacíos y el calor es sofocante. Los perros, vacas y cabras dormitan, y también algunos sadhus, oficiantes religiosos y vendedores ambulantes. El Ganges fluye tan lentamente que parece estar parado, pero nunca permanece inmóvil, como la vida en su dinamismo ineluctable. (...)

miércoles, 17 de agosto de 2016

Los chakras en el yoga


Los chakras y el yoga están íntimamente relacionados. Representados habitualmente en vivos colores y profusamente ornamentados, esta ilustración de uno de los libros de Iyengar, me ha motivado a estudiar más de estos centros energéticos vitales.
Los textos que detallo a continuación, han sido extraidos de “Luz sobre el yoga” de BKS Iyengar y “La sabiduría de los grandes yoguis” de Ramiro Calle.

El cuerpo humano en sí mismo es un universo en miniatura.

Hatha se compone de las sílabas “ha” y “tha” que significan el Sol y la Luna respectivamente. Las energías solar y lunar fluyen a través de los dos nadis principales, pingala e ida, que nacen en las fosas nasales derecha e izquierda y que descienden hasta la base de la columna. “Pingala” es el nadi del Sol e “ida” el de la Luna. Entre ellos está “susumna”, el nadi del fuego.
Susumna nadi es el conducto principal por el que fluye la energía nerviosa y está localizado dentro de la columna vertebral. Pingala e ida se cruzan entre sí y también con susumna en varios lugares. Estas intersecciones se llaman “chakras” o ruedas y regulan la maquinaria corporal del mismo modo que un volante controla el motor y son los centros energéticos de la linga Sharira o cuerpo sutil.
En ellos se acumula la energía pránica y cuando son despertados por la kundalini producen cambios trascendentales en el individuo haciéndole tomar consciencia de su Sí-mismo.
Los chakras tienen forma circular o de loto. Cada chakra posee su propio color, elemento, animal, divinidad, letras y nadis.
Los chakras encuentran su correspondencia en los plexos del cuerpos físico.
Los chakras fundamentales suman siete y de abajo a arriba son:


MULADHARA CHAKRA. 
Situación: en la base de la columna vertebral, entre los genitales y el ano, debajo del punto kanda, que es donde confluyen los nadis.
Elemento: tierra.
Correspondencia: plexo coxígeo.
Divinidad: Dakini.
Rige: el semen.
El muladhara chakra es el adhara chakra (chakra soporte) de los restantes chakras, que permanecen por encima de él.


SWADHISTANA CHAKRA.
Situación: en la raíz de los genitales.
Elemento: agua.
Correspondencia: el plexo sacro.
Divinidad: Visnú y Sakiní.
Rige: los riñones y el abdomen.
El chakra swadhistana es también designado con los nombres jalamandala (agua) o medhradhara (pene). La concentración sobre este chakra activa la intuición y permite el dominio sobre el elemento agua.
La purificación de sus nadis facilita el control sobre los instintos, pasiones y deseos.


MANIPURA CHAKRA. 
Situación: en el estómago.
Elemento: fuego.
Correspondencia: el plexo solar.
Divinidad: Laksmi y Visnú.
Rige: el hígado, el páncreas y el estómago.
El chakra manipura es también designado con el nombre nabhisthana, ya que nabhi significa ombligo y este chakra está a la altura del mismo.


ANAHATA CHAKRA. 
Situación: en la región cordial.
Elemento: aire.
Correspondencia: el plexo cardíaco.
Divinidad: Kakini y Rudra.
Rige: el corazón.

La concentración sobre el chakra anahata conduce al dominio sobre el elemento aire y a la pureza espiritual, permitiendo asimismo la audición de los sonidos anahat.


VISHUDDHA CHAKRA. 
Situación: en la garganta.
Elemento: éter.
Divinidad: Sadasiva.
Rige: la garganta.
La concentración sobre el chakra vishuddha estimula la facultad clarividente.


AJNA CHAKRA. 
Situación: el entrecejo.
Correspondencia: el plexo cavernoso.
Divinidad: Hakini.
Rige: las facultades mentales.

El chakra ajna está situado en la parte superior del nadi sushumna. La concentración sobre él ayuda a superar los pares de opuestos y despierta la intuición.


SAHASRARA CHAKRA. 
Situación: en la cima de la cabeza.

El chakra Sahasrara es también conocido por los vocablos nirvana chakra, brahmasthana y brahmarandhra. Cuando kundalini arriba finalmente a este chakra se produce la iluminación definitiva, el samadhi de más alto grado, la fusión indiferenciada y plena con la Consciencia Universal.

viernes, 12 de agosto de 2016

Ramiro Calle: Historias espirituales de la India (IV)

Seguimos con algunas de las historias seleccionadas por Ramiro Calle en sus "Historias espirituales de la India" (ed. Eyrás, 1984)


La paloma y la rosa

En un pequeño y hermoso templo de la India se coló una paloma. Todas las paredes estaban adornadas con espejos y en ellos se reflejaba la imagen de una rosa que había en el centro del templo, en el santuario.

La paloma, tomando las imágenes por la rosa, se abalanzó sobre una y otra, chocando tan violentamente contra las paredes qué terminó por reventarse y morir. Entonces su cuerpo, finalmente, cayó sobre la rosa.

El hombre, por ignorancia e ilusión, se comporta a menudo como la paloma. Toma por realidad lo que no lo es. Persigue frenéticamente los espejismos que le hacen decaer y morir espiritualmente. Busca fuera de sí, pero no en sí mismo, donde se halla la rosa del conocimiento. 

No seas como la paloma. Y sobre todo, no dejes la auténtica búsqueda por demasiado tiempo, porque, al igual que aquélla, puedes morir antes de hallar la rosa. 


El grano de mostaza

Una mujer corrió hacia el Buda. Se lamentó así:
—Señor, una serpiente venenosa ha picado a mi hijo y va a morir. Alguien me ha dicho que tú eras un hombre santo y podrías salvarlo. Te ruego, señor, que lo hagas.
El Buda dijo:
—Buena mujer, ve al pueblo más cercano y consigue un grano de mostaza negra. Tráemelo y yo lo curaré. Pero atiende: no debes tomarlo de casa en la haya habido alguna muerte.

La mujer fue de casa en casa. Nunca pudo reclamar el grano de mostraza, porque no halló casa en la que no hubiera habido alguna muerte.

—Señor —dijo al Buda a su regreso—. No he encontrado ni una sola casa en la que no hubiera habido muerte.
Y el Buda, con ternura infinita, dijo:
—¿Lo ves, mujer? Es inevitable. Anda, ve y entierra a tu hijo. 




Un mendigo en la corte

En la corte tuvo lugar un fastuoso banquete. Todo estaba dispuesto de tal manera que cada cual se sentaba a la mesa según su rango. No había llegado todavía el monarca cuando apareció un hombre muy pobremente vestido y que se sentó en el sitio de mayor importancia. Tan insólito comportamiento indignó al primer ministro quien le preguntó:
—¿Acaso eres un visir?
El hombre repuso:
—Mi rango es superior al de visir.
—¿Acaso eres un primer ministro?
—Mi rango es superior.
Desconcertado, el primer ministro preguntó:
—¿Acaso eres el mismo rey?
—Mi rango es superior.
Desesperado, el primer ministro preguntó:
—¿Acaso eres Dios?
—Mi rango es superior.
Y el primer ministro vociferó fuera de sí:
—¡Nada es superior a Dios!
El mendigo repuso apaciblemente:
—Ahora sí sabes mi identidad. Esa nada soy yo.

Cuando el hombre alcanza su máximo grado de realización, obtiene un estado de bendita serenidad que está vacuo en cuanto que trasciende el ego y toda identidad personal.


Cierra tus oídos

Eran un anciano y un niño que viajaban con un burro. Caminaban al lado del jumento cuando atravesaban un pueblo. Un grupo de niños se rió de ellos gritando:
—¡Mirad qué par de tontos! De manera que tienen un burro y van los dos andando. Por lo menos el viejo podría subirse a él.

Entonces el viejo se subió al burro y ambos siguieron la marcha. Al pasar otro pueblo, algunas personas se indignaron al ver al viejo sobre el burro y dijeron:
—Parece mentira. El viejo cómodamente sentado en el burro y el pobre niño caminando.

Viejo y niño intercambiaron sus puestos. Al llegar a la siguiente aldea, la gente comentó:
—¡Esto sí que es intolerable! El muchacho sentado en el burro y el pobre anciano caminando a su lado.
Puestas así las cosas, el viejo y el niño se subieron al burro. Poco después venían un grupo de campesinos por el camino. Les vieron y les dijeron:

—¡Es vergonzoso lo que hacéis! Vais a reventar al pobre animal.

El viejo y el niño tomaron la determinación de cargar al burro sobre sus hombros, pero entonces la gente se mofó de ellos diciéndoles:
—Nunca vimos gente tan boba. Tienen un burro y en lugar de montarlo lo llevan a cuestas.

De repente el burro se revolvió con fuerza y se desplomó a un barranco, hallando la muerte.
El viejo, sabiamente, instruyó al muchacho:

—Querido mío, si escuchas las opiniones de los demás y les haces caso, acabarás más muerto que este burro. ¿Sabes lo que te digo? Cierra tus oídos a la opinión ajena. Que lo que los demás dicen te sea indiferente. Escucha únicamente la voz de tu corazón.

lunes, 13 de junio de 2016

Ramiro Calle: Historias espirituales de la India (III)

Seguimos disfrutando de las historias que selecciona Ramiro Calle en el volumen "Historias espirituales de la India", en esta ocasión, las historias de un tigre criado entre ovejas, la de un yogui errante y una de un falso gurú.

Ilustración de Carmen Peralto para "El tigre que balaba", de Ramiro Calle..
El tigre y las ovejas en medio de las cordilleras aravalli (ilustración: C. Peralto).

El tigre que balaba

Al atacar un rebaño, una tigresa preñada dio a luz y luego murió. El tigre creció entre las ovejas, y se comportaba como tal y se tenía a sí mismo por una oveja. Era sumamente apacible, balaba, pacía e ignoraba por completo su verdadera naturaleza. Pero un día llegó un tigre hasta el rebaño y lo atacó. Cuál no sería su sorpresa al ver a un tigre que se comportaba como una oveja. "Oye —le dijo—, tú eres un tigre". Pero el tigre no hizo ningún caso y baló asustado. Entonces el tigre condujo al tigre-oveja ante un lago y le mostró su propia imagen. Pero él seguía creyéndose una oveja, hasta tal punto que cuando el otro tigre le dio un pedazo de carne cruda, no quería probarla. Pero por fin se decidió a hacerlo y la carne cruda desató sus genuinos instintos y reconoció su propia naturaleza.

Como el tigre-oveja es el hombre ordinario. Su naturaleza original, su estado auténtico, su Sí-mismo es fuerte y vigoroso, soberano, pero por ignorancia y deformaciones y contaminaciones de todo tipo, se siente esclavo y lleno de limitaciones. La naturaleza original es el Sí-mismo; la apariencia es el ego. Identificado con su "ego", por decirlo así, el tigre no reconocía su estado original y se creía oveja. Tan identificado está el hombre con la burda máscara de su personalidad y con sus procesos psicofísicos que ha olvidado su estado original.


Un yogui en el camino

Se trataba de un gran yogui, un sadhu errante que había hecho de su vida una búsqueda de la más alta sabiduría. Se sentó a la orilla del camino y entró en samadhi, deleitando así el néctar de su propio ser.

Entonces pasó por el lugar un ladrón y al verlo dedujo: "Este hombre es sin duda un ladrón que tras haber pasado la noche robando, agotado, se ha quedado ahora dormido. No vaya a ser que venga la policía y al atraparle a él me atrapé también a mí". Y el ladrón huyó presto.

No mucho después, pasó un borracho y pensó al ver al hombre: "Éste está como una cuba. Ha bebido tanto que se ha caído al borde del camino y no puede ni moverse". Y, tambaleándose, el borracho se alejó.

Llegó por último un verdadero buscador, también él yogui, y al ver al gran yogui en samadhi, rápidamente supo que se trataba de un alma noble abismado en éxtasis. Se sentó a su lado, se inclinó y besó sus pies.

Así el sabio reconoce al sabio. Así también cada hombre proyecta sobre los otros lo que es él mismo, aquellos defectos que tanto censura en los demás y con los que tan indulgente es para sí mismo. Ve la verdad quien tiene una mente aplicada a la verdad; encuentra la sinceridad quien la lleva en su corazón.


El maestro ladino

Los falsos gurús (y cada día proliferan en mayor grado en India y fuera de India) siempre encuentran el argumento para pretextar sus actuaciones. Si tratan brusca o groseramente al discípulo, alegan que lo hacen para matar su ego. Si se comportan con conducta desigual, alegan que están poniendo a prueba la confianza del discípulo en el maestro. Siempre hay pretextos, sobre todo para los hábiles en la dialéctica. A continuación relatamos un cuento que pone de manifiesto las argucias de un ladino maestro.

Llovía torrencialmente. Un discípulo aventajado corría para protegerse de la lluvia, cuando le vió su maestro le increpó:
—Pero, ¿cómo osas huir de la generosidad del Divino, del líquido celestial? Eres un aspirante espiritual y como tal deberías tener muy en cuenta que la lluvia es un obsequio divino para toda la humanidad.
El discípulo se sentía avergonzado. Pausó la marcha y, lentamente, calándose, se fue a su casa. La lluvia le valió un buen catarro.

Pasaron los días. El discípulo estaba meditando en el porche de su casa y de repente vio que su maestro corría por la calle bajo la lluvia, sin duda para protegerse de ella.
—Maestro, ¿por qué huyes de las bendiciones divinas? ¿No eres tú ahora el que desprecias el obsequio divino? ¿Acaso no estás huyendo del agua celestial?
Y el ladino maestro repuso:
—¡Insensato! ¿No tienes ojos para ver que lo que no quiero es profanarla con mis pies?

jueves, 19 de mayo de 2016

Ramiro Calle: Historias espirituales de la India (II)

Carmen Peralto ilustración collage y madhubani
La florista y la pescadora (Técnica mixta de C. Peralto)
Un grupo de pescadoras

Finalizada la faena, un grupo de pescadoras se puso en marcha para volver a sus casas. El camino era largo y al anochecer se desencadenó una violenta tormenta. Buscaron un lugar para refugiarse y lo hallaron en la casa de una florista. La dueña de la casa les cedió una habitación para pasar la noche. Era una habitación donde había una buena cantidad de canastos con las más variadas flores, a fin de ser vendidas al siguiente día. Olía, pues, a rosas, jazmines, nardos... Las pescadoras intentaron dormir, pero no pudieron. El olor de las flores les resultaba desagradable y les impedía conciliar el sueño. ¡Qué peste!, se quejaban. Y una de ellas concibió la idea de que pusiesen junto a su cara las canastas malolientes de pescado para así neutralizar el olor de las flores. Lo hicieron y pocos minutos después las mujeres dormían profundamente.

El hombre común es como esas pescadoras: por deformación, por identificación con lo adquirido y no con lo genuino, prefiere la impureza a lo más puro, lo contaminado a lo más prístino. Eso es ignorancia.


El hombre ecuánime

Si tienes dudas sobre lo que es la ecuanimidad, escucha la historia del hombre ecuánime. Era dueño de un caballo, pero cierto día se despertó por la mañana, fue al establo y comprobó que el caballo había desaparecido. Entonces vinieron los vecinos a condolerse y a decirle:
—Qué mala suerte has tenido! Para un caballo que tenías y se ha marchado.
Y el hombre dijo:
—Sí, sí, así es, así es.
Pasaron unos días y una mañana el buen hombre se encontró con que en la puerta de su casa no solamente estaba su caballo, sino que había traído otro. Vinieron los vecinos y Ie dijeron:
—¡Qué buena suerte la tuya! Ahora eres dueño de dos caballos.
El hombre repuso:
—Sí, sí, así es.
Al disponer de dos caballos, ahora el hombre podía salir a montar a caballo con su hijo. Pero un día, el hijo se cayó del caballo y se fracturó una pierna. Vinieron los vecinos y dijeron:
—Mala suerte, muy mala suerte. ¡Si no hubiera venido ese segundo caballo...!
El hombre dijo:
—Sí, sí, así es.
Pasó una semana y estalló la guerra. Todos los jóvenes fueron movilizados, menos el hijo herido al caer del caballo. Y vinieron de nuevo los vecinos a verle y le dijeron:
—¡Tú sí que tienes buena suerte! Tu hijo se ha librado de la guerra.
Y el hombre comentó:
—Sí, sí, así es.

La historia es un ejemplo de la ecuanimidad y también de cómo los propios hechos de la existencia (la rueda de la vida que gira y gira) habría que aprender a verlos desde la justa perspectiva.


Una insensata búsqueda

Una mujer estaba buscando algo en el suelo junto a un farol. Pasó por allí un hombre y se paró, curioso, a observar a la mujer, que afanosamente buscaba y buscaba. Intrigado, después de un rato, el hombre preguntó:
—Buena mujer, perdona que me inmiscuya en tus asuntos, pero ¿podrías decirme qué buscas?
Y la mujer repuso:
—Busco una aguja que he perdido en mi casa, pero como allí no hay luz he venido a buscarla junto a este farol.

Como esa mujer proceden muchos seres humanos. En lugar de buscar dentro de ellos mismos (donde mora el más verdadero gurú, el paraíso interior, la respuesta), buscan fuera de ellos lo que jamás podrán hallar fuera.

martes, 17 de mayo de 2016

Conceptos para la meditación (II). ¿Qué es Mindfulness? Ramiro Calle

Los primeros mindfulnistas fueron los yoguis hace siete mil años. Cualquiera puede trabajar la atención consciente, pero hay que seguir métodos, entrenamientos, meditación. De otro modo no es posible estar atento. Ayuda a ser más conscientes, precisos, vivaces. Pero hay que acompañarla con la ecuanimidad y el sosiego, y sobre todo la ética genuina. También un verdugo está muy atento, o un ladrón, o un torturador. La ética es imprescindible. 

Ramiro Calle aclara el concepto de Mindfulness (fuente: revista Dandelion.com)

 "—¿Qué significa el término Mindfulness y porqué ahora está de plena actualidad?
—Mindfulness quiere decir atención plena o atención vigilante y consciente. Es la atención pura que, libre de juicios y prejuicios, se limita a percibir.
Es lo que Buda denominaba Satiphatha o vipassana. ¡Ganas de utilizar términos ingleses en lugar de utilizar vocablos en castellano! Al haber entrado tanto las filosofías orientales en occidente y como éstas ponen el énfasis en el aquí-ahora, se ha puesto de moda esta enseñanza sobre la que tengo numerosos libros escritos. 
Mindfulness según Ramiro Calle Vida sana y creativa
Mindfulness es lo que Buda denominaba Satiphatha o Vipassana
—¿Cómo puedo encontrar soluciones a mis problemas si no juzgo y me limito a percibir el presente?
—Es que con estar en el presente no basta. Eso es lo que equivoca a muchas personas. Es en parte transformativo, pero se necesita mucho más: un trabajo interior que incluye la observación de sí, la purificacion del discermiento, la ética genuina, el autoconocimiento y demás. No es tener atención plena, sino saber qué hacer con ella. Mediante ella se descubre y luego hay que corregir actitudes, puntos de vista y procederes.

—Si no hago yoga, ni soy vegetariano, ni especialmente espiritual… ¿Mindfulness puede ser para mí?
—Los primeros mindfulnistas fueron los yoguis hace siete mil años. Cualquiera puede trabajar la atención consciente, pero hay que seguir métodos, entrenamientos, meditación. De otro modo no es posible estar atento. Ayuda a ser más conscientes, precisos, vivaces. Pero hay que acompañarla con la ecuanimidad y el sosiego, y sobre todo la ética genuina. También un verdugo esta muy atento, o un ladrón, o un torturador. La ética es imprescindible.

Como resalto en mi obra "El Gran Libro de la Meditación", comenzar por estar en meditación atento a la respiración y luego a las sensaciones del cuerpo y a los procesos de la mente. Es una técnica. Hay que aprenderla y desarrollarla. Nadie logra estar atento si no se entrena metódicamente para ello. Como seguramente sabes, he enseñado estas técnicas a lo largo de más de cuarenta años. Parecen nuevas, pero son milenarias."
Y siguiendo con las palabras de Calle sobre el tema, sobre el moderno Mindfulness, reseñamos otro de sus textos (revista digital Verdemente):

"Mucho hablar de mindfulness, mindfulness, mindfulness, y se falsea tanto el tema, sobre todo por los que lo exponen, que la gente cree que puede estar atenta, conectada con el momento presente, solo con desearlo. Pero no es cierto. 
Es una falacia más en el denso, espeso y engañoso supermercado espiritual. 

Para poder estar atento y conectar con la realidad inmediata, se requiere una disciplina, consistente en un entrenamiento metódico de la atención a través de la meditación asidua. De otro modo, todo se queda en la idea de estar atento sin conseguirlo, en la ensoñación de estar presente aquí y ahora sin lograrlo. 
Es como si se le habla a una persona de escalar una alta cima sin el menor entrenamiento previo. 

El entrenamiento previo para conseguir mindfulness o atención plena es la práctica sistemática de la meditación, consistente en servirse de apoyos o soportes para alertar la atención y desarrollar el elemento de vigilancia. 

Estos apoyos pueden ser la respiración, las sensaciones corporales, los estados de la consciencia u otros. 
Y mediante la práctica asidua de la meditación, la persona va consiguiendo estar luego más atenta en la vida diaria, conectando más plenamente con el momento presente y pudiendo, a través de la atención, estar más vigilante a lo que se piensa, se dice o se hace. 
Mediante la meditación se adiestra y desarrolla la mente y sus distintas funciones, entre otras esa atención que permite darse cuenta de lo que sucede dentro y fuera de uno. Por un lado, pues, la práctica meditativa, y por otro el establecimiento de la atención en la vida diaria. 
Se habla mucho de mindfulness, que se ha convertido en una moda, pero no se habla de Satipatthana o los fundamentos de la atención, que son las enseñanzas básicas para, mediante determinados soportes a los que aplicar la atención, ésta se va desarrollando en alto grado y luego puede conducirse a la vida diaria.

El mindfulness por el mindfulness, tal como se explica y  se dice que hay que aplicarlo, es un "invento" más de esta sociedad que busca atajos para llegar al cielo y agua las verdaderas enseñanzas. Muy de Estados Unidos y luego de otros países imitadores.

Los que distorsionan o falsean las enseñanzas genuinas de la Atención Plena, tampoco suelen explicar que la insistencia en su adiestramiento de los sabios de antaño y sus valiosas enseñanzas, indecorosamente desvirtuadas, no tenían por objeto simplemente disfrutar un poco más, ser más brillante dando una conferencia o destacar en los negocios, sino desarrollar la lucidez, ésa que permite captar la última realidad de las cosas y que otorga Sabiduría o entendimiento correcto. 
Esa lucidez o entendimiento correcto es verdaderamente transformativa, porque le permite a la persona mirar más allá de la ignorancia básica de la mente, los engaños y elucubraciones, las expectativas y esas tendencias insanas de la mente que son la ofuscación, la avidez y el odio. Mindfulness no es para generar apego, sino desapego. 

Todos los que estén interesados en el verdadero mindfulness deberían leer inexcusablemente las obras de Nyanaponika Thera y no vacíos manuales sobre el tema que solo conducen a la confusión. 

Y hay que asociar la atención a la ecuanimidad (...). Mediante la atención consciente y la ecuanimidad, se desencadena esa visión penetrativa (vipassana) o lucidez que permite ver las cosas como son y que libera la mente de oscurecimientos."

domingo, 15 de mayo de 2016

"Oda al gato" de Pablo Neruda

"Muñeco" en su lugar favorito de Prana Yoga

Este domingo, un programa de televisión dedicado a los libros y presentado por F. Sánchez Dragó, me ha recordado unos versos de Neruda. Los versos que dedica al gato.
En el programa, un maestro de yoga y de yoguis, Ramiro Calle, habla brevemente de sus últimos libros aparecidos a la venta y habla, sobre todo, de su gato Emile y de Soseki, el gato que tanto quiso Sánchez Dragó y que murió prematuramente hace unos años.
Yo no tengo gato, pero conozco a un gato precioso para el que dedico en especial estos versos de Neruda.
Es un gato yogui y se llama Muñeco.


ODA AL GATO

Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.

El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.

Ilustración: Vikki Chu.
No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.

Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.

Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.

Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.


El programa completo en Libros con wasabi: Ramiro Calle

sábado, 7 de mayo de 2016

Conceptos para la meditación (I). Textos de Ramiro Calle.

¿Qué es la meditación? Estriba en eliminar los pensamientos. Todos los problemas actuales son debidos a pensamientos y son ellos mismos pensamientos. Renuncia a los pensamientos. Tal es meditación y felicidad. Los pensamientos pertenecen al pensador. Permanece como el Sí mismo del pensador y darás fin a los pensamientos.    
                                                                                  Ramana Maharsi

En estos tiempos en los que sólo buscamos resultados fáciles e inmediatos, sin detenernos a valorar calidad, ni honestidad, ni trabajo justo o solidario, a veces precisamos de herramientas que nos ayuden a llevarnos mejor con los demás y llevarnos y comprendernos mejor nosotros mismos.
Una de estas herramientas valiosas es la Meditación. Actualmente, modernizada y barnizada como "Mindfulness" y vendida comercialmente casi por cada hijo de vecino.

Meditación en español. Gemma Correll
Ilustración: Gemma Correll.
Para encauzarnos en el buen camino de equilibrar nuestra mente y nuestro espíritu, lo mejor es recurrir a verdaderos maestros, no a vendedores de ideas, cursos o recetas mágicas para el bienestar.

Es por eso que recurriendo a un buen maestro (en este caso, a los textos y pensamientos de Ramiro Calle), no nos equivocaremos si queremos intentar al menos, conducir nuestra mente y nuestros pensamientos hacia el camino correcto.

Comienzo, por tanto, estas publicaciones, con un extracto de un artículo disponible en la revista digital "Verdemente". 

Espero que os guste y lo disfrutéis.


"El interés por la meditación no deja de crecer, así como el número de personas que la practican. Sin embargo, a veces se despiertan muchas dudas sobre el tema, debido a que el mismo término es ambiguo y a que hay numerosos métodos y técnicas de meditación. 

Aunque hay una meditación propiamente analítica (utilizando el pensamiento de modo consciente, voluntario y bien dirigido), la mayoría de los ejercicios de meditación evitan el discurso mental, frenan o ignoran los pensamientos y entrenan metódicamente la atención mental pura, que es aquella que se limita a captar, libre de juicios, prejuicios, comparaciones o etriquetas.

Para poder adiestrar la mente y desarrollar la atención, se recurre a buen número de apoyos o soportes, que sirven de ayuda asimismo para calmar, estabilizar y esclarecer la mente.

Los apoyos o soportes son de lo más variado, entre otros:
  • La respiración.
  • La postura corporal.
  • Las sensaciones corporales
  • La fijación de la mente en un soporte como una figura geométrica, un color, un punto de luz o un disco de color.
  • La contemplación atenta e inafectada de los contenidos (pensamientos y emociones) de la mente.
  • La atención alerta y serena aquí y ahora, atenta a todo pero a nada en concreto.
  • La erradicación de pensamientos, evitando dejarse pensar por ellos y cortando el discurso mental.
  • Determinadas visualizaciones.
  • La recitación de un mantra.
  • La observación alerta y ecuánime de todos los procesos psicosomáticos que se vayan produciendo, captando cómo surgen y como se desvanecen.
  • La irradiación de compasión, benevolencia y amor.
  • Los procedimientos de interiorización y ensimismamiento, conectando con el silencio interior y la presencia de ser. 
  • Y la ya mencionada meditación analítica, donde se escoge un tema para penetrar en el mismo y dilucidarlo a través del pensamiento ordenado y el discernimiento.

La meditación no es fácil y se aprende a meditar, meditando. Surgen distintos obstáculos: molestias corporales, tedio, desosiego, desgana, agitación mental, somnolencia y otros.
Hay que entrarlos con ánimo firme y ecuanimidad. Cada vez que la mente burla la voluntad del meditador y evada el ejercicio, hay que tomarla con paciencia y firmeza y reconducirla al mismo, una y otra vez, cuantas sea necesario y sin exasperarse.

Mediante la práctica de la meditación, van intensificándose los denominados factores de iluminación o autodesarrollo: energía, atención, ecuanimidad, contento interior, sosiego, visión de la realidad, lucidez y otros. Todo ello va modificando los viejos modelos de pensamiento y desarrollando una manera de ver más cabal y penetrativa.

La meditación no es relajación ni tiene por qué ser placentera. Hay meditaciones tormentosas, que drenan el "pus" del inconsciente y en las que hay que emplearse a fondo para mantener la ecuanimidad. En esos casos la meditación es como una operación quirúrgica de la mente y sin anestesia. El mismo Aurobindo declaró: "Durante años he limpiado el fango de mi subconsciente".

A través de la meditación regular el practicante va modificando muchas de sus actitudes y cambiando estados de ofuscación mental por otros de lucidez y perspicacia. La meditación es un adiestramiento mental para ir reorganizando la vida psíquica y obtener otra manera de percibir y manifestarse. Pero no basta con la meditación sentada y hay que tratar de complementarla con la meditación en la acción, es decir, tratando de permanecer en la acción más atenta y ecuánime.

La práctica de la meditación tiene que irse apoyando en la ética genuina y en el entendimiento correcto o sabiduría. Hay que tratar de incorporarla a la vida diaria como cualquier otra actividad más y no sentirla como un deber, sino como una preciosa oportunidad para estar con uno mismo en paz en medio de un mundo agitado y convulso. Mediante la meditación uno conecta con lo más real de sí mismo (...).


jueves, 5 de mayo de 2016

Ramiro Calle: Historias espirituales de la India (I)

Ilustración de Carmen Peralto, inspirada en la pintura madhubani.
El pez pregunta a la tortuga
Inicio con la entrada de hoy, una serie de relatos escogidos del libro de Ramiro Calle: "Historias espirituales de la India" publicado en primera edición en el año 1984.

Ramiro Calle es un gran maestro del yoga y de la filosofía. Con decenas de libros publicados, transmite el amor a esta práctica milenaria y a la India, país que conoce ampliamente.

Estas "Historias espirituales de la India" forman un conjunto bellísimo y aleccionador de pequeñas fábulas, que nos dejan una profunda enseñanza espiritual.

Los relatos van acompañados de versiones mías de ilustraciones estilo Madhubani.

Espero que los disfrutéis tanto como yo.


"En veinte ocasiones he viajado al Oriente místico y en trece de ellas he recorrido extensamente la India, a fin de "cazar" hombres santos, grandes yoguis y altos lamas, y entrevistarles para mis obras. He recorrido ese asombroso e irrepetible continente que es la India, de norte a sur y de este a oeste, desde la grandiosidad de los Himalayas a las extensas planicies, desde las enormes junglas a las hermosas bahías, explorando la espiritualidad viva de este país de grandes sabios y custodios de la más elevada espiritualidad. Y con motivo de todos esos extensos recorridos, he tenido ocasión de ir recogiendo cuentos e historias espirituales no sólo de una elevada significación mística, sino de una extraordinaria belleza narrativa. Estas historias dicen en pocas líneas más que lo que puedan expresar volúmenes enteros." Ramiro Calle.

El pez pregunta a la tortuga

Aunque por nuestra ignorancia se nos oculta, el Sí-mismo debería sernos tan evidente como el agua debería serlo para el pez de esta historia.

Un pez se deslizaba por el agua. De repente sacó la cabeza y vio en la playa una tortuga, a la que preguntó:
—Tortuga, ¿qué es el agua?
Y la tortuga repuso:
—Has nacido en el agua, en el agua estás viviendo y en el agua morirás. Fuera de ti hay agua; dentro de ti hay agua. Te alimentas de lo que encuentras en el agua. ¡Pez necio!, ¿me preguntas a mí qué es el agua?


Ansioso por conocer la madera de sándalo

Muchas veces el aspirante procede respecto a la verdad tan ignorantemente como el hombre de esta historia.

No conocía la madera de sándalo y había escuchado mucho sobre sus excelencias. Nació en él un fuerte deseo de conocer esa clase de madera y entonces día tras día comenzó a escribir cartas a sus amigos, haciendo en todas ellas la misma petición: "Por favor, enviadme madera de sándalo". 
Y un día, de repente, descubrió que el lápiz con el que llevaba meses escribiendo aquellas cartas, era de olorosa madera de sándalo.




No, tú te ocupas de ti y yo de mí

Esta es la historia de una niña y un hombre acróbatas. Viajaban por los pueblos de la India exhibiendo sus habilidades. El hombre sostenía un palo muy largo y la niña trepaba al extremo superior. Un día, el hombre le dijo a la niña:
—Para evitar que nos ocurra algún accidente, lo mejor será que yo me ocupe de lo que tú estás haciendo y tú de lo que yo estoy haciendo.
Pero la niña replicó:
—No, eso no es lo acertado. Yo me ocuparé de mí y tú te ocuparás de ti, y así, estando los dos muy atentos a lo que cada uno de nosotros hacemos, no nos ocurrirá ningún accidente.

Atentos, conscientes de sí mismos y vigilantes: así deben ser los buscadores espirituales.